sábado, 30 de marzo de 2013

¡Aleluya!


Aparece la vida en la vida


Se rompen los muros y aparece la VIDA en la vida
y, la alegría que se desborda,  en todos aquellos
que celebran en esta Noche Santa y dichosa
la alegría y el esplendor de la Pascua.
La esperanza, por fin, se ha cumplido
cuando, Cristo, vuelve tal y cómo lo había prometido
en rescate de todos aquellos a los cuales tanto amaba.
¿Dónde está el silencio y la calma?
¿Dónde los sollozos de su despedida?
¿Dónde los guardias que le custodiaban?
¡NO HACE FALTA NADA! ¡AHORA TODO ES FIESTA!
Porque, si la fiesta es vida, Cristo nos la trajo toda
y nos hace partícipes de una, que nunca se acaba
Porque, si la vida es una fiesta, la Resurrección de Cristo
razón más que suficiente para vivir en una permanente alegría.
Ahora, el corazón del hombre, se abre a la eternidad
El día de hoy, las manos del hombre, se abren al amor
Hoy, los pies del hombre, se orientan hacia el futuro
En el presente, el corazón del hombre,
ha sido definitivamente tocado  por la acción de Dios.
¡ALELUYA! ¡EL SEÑOR HA RESUCITADO!
La humanidad se reviste de fiesta
porque, si Dios se hizo pequeño por salvarnos,
ahora, pasando por una cruz,
la Resurrección de Cristo nos trae una eterna primavera.
Porque, si Dios prometió el todo por la nada,
el hombre le responde con abundancia de fe
y abriéndole su corazón, sus entrañas y su misma vida.
¡ALELUYA! ¡EL SILENCIO DIO LUGAR A LA FIESTA!
Cantemos, con los ángeles y con todos los santos,
Con toda la creación que explota en un esplendor inmaculado
Con todos los creyentes que miran hacia el cielo
¡MIL VECES ALELUYA! ¡HAS RESUCITADO!
¡HA RESUCITADO! ¡Y NOSOTROS CON EL!
¡ALELUYA! ¡ALELUYA!

Del blog de reflejos de luz
http://reflejosdeluz11.blogspot.com.es/

Está brotando algo nuevo, ¿no lo notáis?



Pascua: Un amor de rodillas, crucificado y más fuerte que la muerte.


A lo largo de nuestra vida hay detalles que quedan esculpidos en algún remoto rincón de nuestro corazón. Tal es el caso de una sencilla pregunta que mi madre solía hacernos a mi hermano y a mí cuando éramos pequeños: ¿Cuánto me quieres? Ante la sorpresa de la pregunta se impone la sencillez de nuestras infantiles palabras: ¡Mucho! La respuesta es obvia pero, como toda buena madre, la mía seguía insistiendo: ¿Cuánto es mucho? Entonces, en un esfuerzo agónico por extender nuestros brazos hasta poder abrazar el horizonte, intentábamos, sin éxito, explicar qué significaba “mucho”, o dar una medida satisfactoria a la cantidad de amor que sentíamos.
Aquella pregunta maternal, y quizás sin mayores pretensiones teológicas, se ha convertido para mí en la clave de bóveda para entender y saborear el misterio pascual de nuestro Dios. Todo este camino hacia la Pascua ha sido una posibilidad privilegiada para ir descubriendo cuánto nos quiere el Dios en el que creemos. Por eso también nosotros ahora podemos hacerle la misma pregunta: ¿Cuánto nos quieres? ¿Hasta dónde llega tu amor? ¿Cuál es el límite de tanta ternura?... La respuesta no puede ser otra que la que se desglosa en el broche final de la Cuaresma, el Triduo Pascual.
¿Hasta dónde puede llegar un amor que sólo se entiende de rodillas? Este amor ha tocado la frialdad del suelo y ha acariciado las heridas sangrantes de tantos pies descalzos. Este amor no tira nunca la toalla, sino que se la ciñe para amar hasta el extremo (Jn 13, 1-5). Este amor es capaz de convertir toda una vida en pan que se parte y se reparte, en vino que se derrocha a raudales, porque es un amor que hace del servicio y la entrega una fiesta continua y un brindis a la felicidad compartida (Mc14, 22-24).
¿Hasta dónde puede llegar un amor que opta por los crucificados compartiendo su misma suerte? Este amor ha vivido al margen con los marginados, ha compartido el rechazo de los rechazados, se ha sentado a la mesa de los que mendigan y ha caminado con los que cargan con muletas. Este amor ha abrazado a quien tachaban de impuro y ha besado a quien llamaban pecadora. Éste es un amor que no claudica ante la duda y el miedo, que no se echa atrás ante la crítica y la difamación, que es fiel hasta el final, aunque su final sea una dramática muerte, aunque su final se llame Cruz (Mc 15,24).
¿Hasta dónde puede llegar un amor que es más fuerte que la muerte? Este amor ha superado todo final, ha trastocado cualquier límite, ha desbordado a borbotones toda mesura, ha saltado toda barrera y borrado cualquier frontera. Este amor ha abierto nuestros sepulcros y ha rasgado el velo que esconde la esperanza. Este amor ha roto las cadenas que nos atan y esclavizan y nos ha devuelto la libertad verdadera, la libertad creativa, la libertad que ama. Este amor hace nacer para ti y para mí un nuevo sol que inunda al mundo de una radiante claridad, iluminando hasta la noche más oscura (Mc 16, 3-4).
¿Cuánto me quiere el Dios en el que creo? Quizás para responder puedo extender mis brazos hasta abrazar el horizonte e intentar, sin éxito, dar una medida satisfactoria. Sin embargo, como cuando era pequeño e intentaba responder a la pregunta de mi madre, me basta con una sencilla palabra: Pascua. 

miércoles, 27 de marzo de 2013

El elegido


¿Alguna vez has tenido que superar entrevistas de trabajo durísimas para ver si resultabas el elegido o elegida por la compañía para cubrir ese puesto de trabajo vacante? ¿Alguna vez has tenido que afrontar un terrible proceso de selección para demostrar que eras el más bueno, el más listo, el más preparado, el más amable, el que más idiomas hablaba, el que mejor trabajaba en equipo…?
CRISTO DE LA HUMILDADReleo la lectura de Isaías:
Libro de Isaías 42,1-7. 
Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones. 
El no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. 
No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad; 
no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su Ley. 
Así habla Dios, el Señor, el que creó el cielo y lo desplegó, el que extendió la tierra y lo que ella produce, el que da el aliento al pueblo que la habita y el espíritu a los que caminan por ella. 
Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, 
para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas. 

Lo primero que me llama la atención es que Dios y sus criterios no son los del mundo. Él también elige, sí, pero sus preferencias son distintas a las de los poderosos, los directivos, los políticos, los que manejan el cotarro del mundo… Es un “líder” distinto a otros líderes mundiales, un estilo que rompe con lo establecido, lo que Él busca.
Es una bofetada a mi orgullo, a mi prepotencia, a mi insolencia. Es una bofetada a ese deseo que, a veces, aflora en mi de querer destacar, ser lo máximo, el más laureado, el más admirado…
Menos mal que todo lo que yo no soy, todo lo que me falta (o lo que me sobra) para estar cerca de Dios lo cubre Jesús por mi. Él sí fue un elegido a imagen del Padre, el elegido que dio su vida por mi y que viene cada día a sacarme de la caverna de mi pecado.

Blog "A la luz de la Palabra"